... me sentía como si cada día que pasará seria el mismo de siempre, despierto y me quedo viendo el techo de mi habitación, respiro hondo, me levanto, escojo que ponerme para hoy, entre tanto color decido ponerme algo negro, como lo sombrío que son mis días. Me dirijo a la universidad para ver a la misma gente estúpida y por otro lado los mismos amigos leales que tuve en mi vida. Los veo a lo lejos y corro para saludarlos con una gran sonrisa, al parecer ellos son los que me dan alegría en la vida. En total éramos cinco, el amigo que lo sabe todo, bueno casi todo, el otro amigo que le gusta la guitarra, otro que es super talentoso en el deporte, el amigo que es el más alegre de todos y por último estoy yo el rarito al parecer siempre hay uno en cada grupo.
Entramos a las clases que nos corresponden, ya adentro después de unas horas vimos como una persona vestida un overol blanco y protector facial, tocó la puerta de nuestra clase, llamó al profesor y en la puerta hablaron en voz baja, igual se logró escuchar un poco, dijeron que había un problema de salubridad en las calles, en nuestra ciudad, encontraban gente enferma en las calles, no le tome importancia ni el profesor, dado que no nos lo comunicó.
Ya por fin se hizo tarde.
Salimos para irnos todos junto caminando por la carretera principal como cada día. Ya todos listos agarramos nuestras mochilas y nos echamos a andar conversando de lo aburrido que se convirtió los días para mí, se reían de mí, creían que estaba volviéndome loco, eran solo risas contra mí, estos decían que me faltaba mujer, al parecer yo ya lo necesitaba, mis amigos habían tenido sus citas, parejas, unos mantenían su relación otros estaban tranquilos solos, pero yo no le hallaba el sentido a eso, me preocupaba más por sentirme bien, satisfecho al despertar y al acabar el día.
Conversando como adolescentes inmaduros que éramos íbamos caminando.
Un hombre descuidado que apareció de la nada por unos arbustos detrás de unos árboles caminaba como ebrio, pero no lo estaba, sino que, daba un aspecto de muerto. Mis amigos y yo nos detuvimos de golpe y cuando vimos al frente y a atrás no había gente, ya había oscurecido, los focos que las farolas estaban tan arriba que no alumbraba bien, la luz del atardecer nos ayudaba a visualizar como aquel hombre caminaba tambaleándose de un lado a otro, con un color gris oscuro que no parecía piel humana sino músculos y tendones expuestos en un estado de putrefacción.
Nos percatamos de su estado y de lo que aparentaba, la impresión nos ganó, no quedamos fríos y quietos. Cuando menos lo pensé apareció su rostro frente al mío, su nariz rozaba la mía y sus ojos salientes sin parpados me veían fijamente sin mover siquiera la pupila que se le notaba dilatada. Desprendía un olor a alcantarilla en muy mal estado, que cuando apenas lo sentí mi estomago saldría por mi boca, atiné a tapármela con la mano con fuerza y cerré los ojos.
En este momento paso algo muy horroroso y fue cuando yo perdí toda esperanza de recuperar mi vida, volvió a mí las ganas de vivir, quizá fue un instinto de supervivencia, mis células se dirigían a luchar por seguir vivas, solo sé que jamás mi vida seria la misma.

Este sujeto, ente o lo que sea aquella cosa, se metió por mi boca como arena o cenizas negras, sentí como me sujetó por la espalda y tensionó mis brazos y piernas, no sé de qué manera lo hizo, pero me tenía en sus manos. Me consumía por dentro, tenía mareos y muchas ganas de vomitar, quedé en el suelo arrodillado con la cabeza en la tierra. Mis amigos presenciaron la escena y asustados se encontraban muy atrás, uno de ellos corrió ayudar a levantarme, sin embargo, estar en esta situación era algo desconocido, caminaba tambaleando como lo hacía aquel sujeto, sentía las mismas cosas que habría sentido él en algún momento, tenía muchas ganas de regurgitar, mi cuerpo no lo aceptaba, mi mente ya no era la misma, veía todo en un filtro amarillo, con una pesadez en los parpados y todo el cuerpo me quemaba, ya no sentía las fuerzas como antes voltee a ver a mi amigos, pero ya no los reconocía... mi lado salvaje, animal surgía de lo más profundo de mi cuerpo, cegado por ese instinto corrí a atacar a uno de ellos. Me gritaban fuertemente que parara y que mi piel se caía por trozos, podían verse mis músculos que se volvían gris y ahora solo caminaba sin rumbo delirando por la carreta me fui sin fuerzas, tambaleándome, alejándome de todo buscando un fin...
... estaba consciente de todo...
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