EN LA OSCURIDAD DE LA NOCHE TODO PASÓ
Vivíamos en una casa hecha de madera, ahora ya vieja y sin color, éramos solo las dos, mi madre y yo. Esta casa estaba algo alejada de la ciudad, alrededor solo había tierra y a kilómetros podíamos encontrar más casas.
Una noche escuche unos ruidos afuera de la casa, estaba junto a mi madre en la sala, cruzamos miradas como preguntándonos, ¿quién puede ser a estas horas? No quería salir, pero mi madre si lo hizo, tomó el rifle que usamos para cazar y salió. Yo algo asustada me pare de la silla muy lentamente hacia la puerta por donde salió mi madre, afuera estaba tan oscuro que no podía ver absolutamente nada.
De pronto, escuche unos ruidos de forcejeo, venía de afuera, al parecer había alguien y estaba atando a mi madre, desesperada fui a la cocina para buscar algún cuchillo o algo punzante para poder defenderla, tome el cuchillo que recientemente habíamos usado para cortar la carne, corrí afuera, corrí lo más rápido posible y cuando salí, el sonido del rifle disparando me detuvo en un instante, plasmada, mi madre en el suelo con el rifle en las manos y apoyada en la tierra había disparado a un ser enorme, que tenía pelo negro por todo el cuerpo, unas garras como de oso y un hocico puntiagudo como de un zorro, este yacía muerto. Me acerque con miedo a ver sus enormes ojos, estaban blancos y sangraba del pecho huesudo, no era un animal como los que ya conocía, como aquellos que ya habíamos cazado con mi madre alguna vez, no, era un ser muy diferente a todo lo lógico y normal.
Me dirigí a mi madre, le extendí mi mano y ella despacio puso su mano en la mía, la jale con fuerza y vi sus arañazos en el cuerpo y una mordida algo pequeña en su brazo, me asuste mucho, le pregunte si estaba bien, ella solo asintió con su cabeza diciendo que tenía baba ahí, que se lo lavaría rápidamente, todos sabíamos que los animales con rabia transmiten eso por la baba cuando muerden, pensamos en eso y decidimos prevenir.
Cuando mi madre ya estaba dentro de la casa, yo le lance en voz alta una pregunta: _ ¿qué hacemos con el cuerpo?¡ _ mi madre no respondía, mire el cuerpo con asco y me dirigí adentro, la encontré desmayada en el suelo del baño, rápidamente la cargue como pude y a rastras la lleve arriba, por las escaleras de madera rechinando, llegue a su habitación y la acosté en su cama, esperando que reaccionara, le tocaba el rostro suavemente, hablándole, diciéndole que me responda algo, con poco aliento me dijo: _ te amo_ solté unas lágrimas al ver sus ojos, la deje descansar y fui a la cocina.
Llegué al patio y vi esa cosa horrorosa en el suelo polvoroso, tome una pala que estaba afuera, empecé a cavar a unos metros lejos de la casa, habría pasado una hora, mientras muy concentrada en hacer el agujero, pensaba mucho en mi madre y los recuerdos que tenía con ella, todo lo que me había enseñado en mi infancia, en un mes cumpliría dieciocho, ella ya no estaría a mi lado, tenía que pensar que rumbo tomar, no quería quedarme en ese lugar solitario y sin compañía.
Llegue a una profundidad suficiente, salí del agujero y cuando lo vi desde arriba, me di cuenta de que era un gran agujero, jale el cuerpo del ser misterioso, ese sonido cuando arrastras algo muy pesado era lo único que se escuchaba ahí, lo empuje y cayo. Empecé a rellenar de tierra sobre el cuerpo, seguía pensando, ¿qué hacía con mi vida ahora?, no tenía nada, a unos kilómetros está el pueblo, mañana enterraría a mi madre y me alistaría para emprender mi rumbo.
Termine de enterrar a la bestia que había matado a mi madre, en eso escucho un ruido fortísimo dentro de la casa, solo pensé, ¿habría más seres como aquel en este lugar? Fui por la escopeta de mi madre y en los cajones de la cocina, busqué los cartuchos que teníamos guardados. Escuchaba cada vez más fuerte el ruido, con una rodilla en el suelo cargue la escopeta, apunte hacia las escaleras, vi a otra bestia ahí, me asuste demasiado, todo paso tan rápido y a la vez lento, disparé.
Cuando llegue a su habitación, no estaba ella en la cama, confusa me acerque más y solo vi su ropa destrozada por todos lados, pero no había sangre, no entendía que pasaba.
Fui a las escaleras, desde ahí vi el brazo del enorme animal, tenía una mordía sangrando como la de mi madre. Yo solo le había disparado. Comprendí que había pasado, pase saliva y con los ojos sumergidos en llanto, fría, busque un cartucho más, casi en automático, cargue el arma sentada frente al cuerpo de mi madre dirigí el cañón de la escopeta hacia mi boca, grité con mucha rabia sin saber si había hecho algo malo o solo algo que no tenía otra salida, grité desde el fondo de mi estómago y disparé.


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