CASUALIDADES, AMOR Y ACCIÓN


La tarde caía con una brisa suave cuando Julia entró en la cafetería del centro. No era una clienta habitual, pero el aroma a café tostado la atrajo como un imán. Pidió un capuchino y, al girarse con la taza en mano, chocó accidentalmente con un hombre que sostenía un libro de tapa dura. El líquido caliente amenazó con derramarse sobre su camisa, pero él, con reflejos rápidos, esquivó el desastre.

—Disculpa, no te vi —dijo ella, avergonzada.

—No pasa nada —respondíó él con una sonrisa tranquila—. Yo estaba demasiado absorto en "El nombre del viento".

Julia levantó una ceja, interesada.

—¡Es uno de mis libros favoritos!

La casualidad fue suficiente para iniciar una conversación. Se sentaron juntos, entre sorbos de café, y la charla derivó en filosofía, cine y viajes. Julia habló de su amor por la enseñanza y cómo quería crear un curso de superación personal. Diego, por su parte, le contó que trabajaba en ciberseguridad, pero su pasión secreta era la música.

El tiempo pasó sin que se dieran cuenta, y cuando se miraron a los ojos, supieron que esa conexión era algo especial. Antes de irse, Diego la invitó a cenar en un elegante restaurante de la ciudad el viernes por la noche.

Llegó el día, y el restaurante brillaba con una iluminación cálida. Julia, vestida con un elegante conjunto negro, esperó a Diego en la mesa reservada. Él llegó unos minutos después, con una sonrisa que hablaba de ganas de verla. Pero cuando apenas empezaban a conversar, tres hombres encapuchados irrumpieron en el local. Uno de ellos disparó al aire.

—¡Todos al suelo!

El pánico se extendió. Julia sintió el corazón acelerarse, pero Diego la sujetó de la mano y susurró:

—Tranquila, voy a sacarte de aquí.

Los delincuentes comenzaron a vaciar cajas registradoras y exigir las pertenencias de los comensales. Diego analizó la situación. Con su conocimiento en seguridad, notó que el líder estaba nervioso, lo que los hacía impredecibles.

Cuando uno de los asaltantes pasó cerca de ellos, Diego reaccionó con precisión. Se levantó rápidamente, desarmó al hombre y lo redujo en el suelo. El estrépito atrajo la atención de los otros dos, pero la confusión dio tiempo suficiente para que algunos clientes escaparan y un guardia de seguridad interviniera. En minutos, la policía llegó y los asaltantes fueron arrestados.

Julia, temblorosa, se apoyó en Diego.

—Creo que nuestras citas no serán aburridas —bromeó él, buscando alivianar la tensión.

Ella soltó una risa nerviosa y lo abrazó.

—Definitivamente no.

Esa noche, en vez de cenar en un restaurante de lujo, terminaron compartiendo hamburguesas en un pequeño local callejero, riendo y brindando con refrescos. Su historia, forjada entre libros, casualidades y una inesperada dosis de acción, apenas comenzaba.

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