SILENCIO EN EL CIELO. INVACIÓN EXTRATERRESTE

El mundo cambió en un solo día. Naves colosales aparecieron en los cielos de las principales ciudades del planeta, flotando silenciosamente como si observaran. No hubo ataques, no hubo explosiones, solo la incertidumbre de una presencia imposible de ignorar. La NASA, junto con las fuerzas militares de varios países, se movilizó de inmediato.


El coronel Ethan Marshall fue asignado a la base de operaciones en Nevada, donde un equipo de científicos e intérpretes intentaba descifrar las señales emitidas por los alienígenas. No tenían un lenguaje conocido, solo patrones de luz y sonido que parecían responder a ciertas frecuencias humanas. La doctora Helen Carter, una de las principales lingüistas de la NASA, estaba convencida de que era posible comunicarse con ellos.
—Si están aquí para atacar, ¿por qué no lo han hecho ya? —dijo Helen, observando una de las pantallas con las señales alienígenas.
—Tal vez están esperando algo —respondió Marshall, ajustando su arma—. O a alguien.
La tensión aumentó cuando, sin previo aviso, una de las naves descendió en el desierto, desplegando una estructura metálica con símbolos que nadie entendía. Las tropas rodearon el área, listas para disparar, pero Helen insistió en que no atacaran.
Mientras intentaban establecer contacto, en otras partes del mundo comenzaban los enfrentamientos. Algunas naciones, asustadas por la presencia alienígena, abrieron fuego. En respuesta, las naves generaron una onda de energía que inutilizaba todo sistema eléctrico, dejando ciudades enteras en la oscuridad.
Marshall recibió la orden de preparar un ataque, pero Helen se interpuso.
—¡No podemos actuar por miedo! Si los atacamos, podríamos condenarnos a la extinción.
El tiempo se agotaba. Finalmente, Helen encontró un patrón en las señales: los extraterrestres parecían estar respondiendo a las secuencias matemáticas que enviaban los humanos. Cuando ajustaron la frecuencia y respondieron de la misma manera, la nave en el desierto se abrió.
Lo que vieron dentro los dejó sin aliento. No eran seres biológicos, sino máquinas avanzadas, sondas que parecían recolectar información. Un mensaje apareció en la pantalla de la nave: "Evaluación en curso. Determinando viabilidad de coexistencia."
—Nos están probando —susurró Helen—. Quieren saber si somos una amenaza o si podemos convivir.
Marshall sintió un escalofrío. Si la humanidad fallaba esta prueba, el verdadero ataque aún estaba por llegar.
—Podría ser su forma de hablar —dijo con urgencia—. Necesitamos responder.

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