ERA VASTO, PELIGROSO Y MÁGICO
Todo empezó en aquel valle donde el tiempo parecía detenerse a descansar. Mi hogar era un pueblo de casas hechas con piedras de río, redondas y suaves, que guardaban el calor del sol hasta bien entrada la noche. El aire siempre olía a leña quemada y a pan recién horneado con hierbas dulces. La gente allí tenía las manos ásperas por el trabajo con la tierra y la madera, pero sus miradas eran siempre suaves. Eran personas que conocían el nombre de cada viento y sabían cuándo iba a llover solo por cómo cantaban los grillos. Yo era una más entre ellos, aunque siempre sentí que mis pies picaban por caminar más allá de la colina donde terminaban nuestros campos de cultivo, justo donde empezaba el bosque de árboles de corteza plateada. Esa noche, la tranquilidad se rompió. La luna estaba llena, inmensa y de un blanco tan puro que dolía mirarla. Yo estaba en el límite del bosque, recogiendo unas flores nocturnas que solo abren sus pétalos bajo esa luz específica, cuando el silencio del bosque ...

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